Limitar el nacimiento del blues a una zona geográfica es complicado, igual que a un sexo o a un color de piel. Pero todos sabemos que en Texas siempre se anda cociendo algo. De lo último que salió en 2017 de esa cocina es el disco homónimo de Tyler Bryant & The Shakedown.

Tyler Bryant volando

Estos chicos lo están petando

Estos chavales son un buen ejemplo del blues que viene. Alternan dobros y slides con loops y distorsiones, son sucios o íntimos cuando les interesa, y no tienen miedo a colgarse la etiqueta de blues y a la vez superar la barrera del I-IV-V.

Nacido y criado en Nashville, Tyler Bryant decidió que se quería dedicar a la música tras un concierto de los Black Crowes. Más que dedicarse a la música, decidió que quería tocar en una banda de rock. En palabras suyas, la fórmula es la siguiente «Componer canciones, grabar discos, salir a la carretera y repetir hasta el agotamiento»

Con dos EPs y dos LPs a sus espaldas, se encuentran en medio de una gira europea y pueden presumir de haber hecho de teloneros de AC/DC, Guns n’Roses, Jeff Beck, Aerosmith o Clapton, entre otros. Es cierto que han aprovechado el tirón de muchas bandas de blues rock moderno como los Rival Sons, Vintage Trouble o los Black Keys. Pero también es cierto que no puede ser casualidad que todas estas bandas de este calibre decidan llamarte para que les caldees el ambiente.

Tyler en el foso

Bajar al foso para darlo todo

En mi opinión, y tras haberles visto en directo, no es en el gran escenario donde mejor funcionan, sino con la proximidad al público, donde se nota más el magnetismo personal que el volumen de los altavoces, y Tyler se permite el bajar al foso, acompañado de Caleb Crosby con su tambor.

Pero vamos al disco. Tyler Bryant & the Shakedown.

Estos chicos han demostrado que conseguir que el segundo disco esté a la altura del primero es difícil, y que requiere trabajo. Pero que puede hacerse. El LP fue grabado en Nashville, Texas a la vieja usanza. Cintas de dos pulgadas, todos los músicos en la misma habitación, y permitir que saliese sucio, rápido y furioso. Y lo han conseguido.

Intensidad. Intensidad es la palabra que define a este disco. Abrimos con el riff de Heartland. Fuzz a tope e himno para corear. Ritmos muy marcados, que acompasas con las manos y que se te quedan en la cabeza para el resto del día.  Personalmente, destacaría Don´t mind the blood, otro himno de estadios, con un ritmo de los que harán que te salten solos los pies, Weak and weeping, con un riff abrasador al estilo de los viejos Aerosmith. Pero la joya de la corona es Ramblin’ Bones, el tema más blusero del LP, tocado con dobro, slide y la voz arrogante de Tyler Bryant desgranando su estilo de vida de carretera y manta. Un tema tranquilo, que funciona como un oasis de blues en un disco de rock salvaje y de solos llenos de ganancia y fuerza.

En tiempos de incertidumbre de hacia dónde va el blues rock, creo que Tyler Bryant tiene un camino. Merece la pena acompañarle un rato, porque trae ideas buenas y mucha energía.

Si sólo tienes 10 minutos:

  • Heartland
  • Don´t mind the Blood
  • Ramblin’ Bones

El single:

Dónde encontrar a Tyler Bryant & The Shakedown.

¡O en tu tienda de discos más cercana!

Escrito por J